Más allá de sortilegios y maleficios, una batalla victoriosa par la vida…

Cultura

Más allá de sortilegios y maleficios, una batalla victoriosa par la vida…

«Pintar hasta el agotamiento y dominar su arte», así es el lema de Lita Cabellut, artista gitana, media bruja, media hada, paseando por Beirut. *

Edgar DAVIDIAN | OLJ

Una gitana huérfana, hija adoptiva de los barrios pobres de Barcelona, locamente enamorada de la libertad, de la brillantez y de la sinceridad para testificar de las heridas humanas. Con un salto de cierva a saltar inmediatamente, los cincuenta fogosos y rebeldes.  Cabellos negros de ébano cayendo en cascada sobre los hombros, una vista de águila, rasgos duros cortados con hoz y esta apariencia descuidada de Carmen con los inmensos pendientes amarillos. La voz no es dulce, pero desborda de calor humano y de generosidad de todo su corazón. Lita Cabellut se expresa en un inglés mestizado de acento español. Palabras sin miedo para decir todos los misterios y las caras escondidas de la vida. Para mejorar el mundo, engañando al mal e iluminando lo que no se ve a simple vista. Como esta luz que irradia de sus lienzos con la puesta en escena vertiginosa, expuestas en la galería Opera de Beirut.
Una quincena de mega-lienzos, sin la menor traza de acrílico, donde radian múltiples aspectos de caras de las mujeres. Con flores y actitudes diversas de los bustos, de los brazos, de los cuerpos. Un mundo fastuoso de colores, tejidos, carnes, radiantes y perecederas. En una impresión pictórica de los grandes maestros de todos los tiempos. Un espejo túrbido que se extiende desde la galería a través del pincel y la paleta virtuosa de Lita Cabellut.
Pero, de hecho, este nombre de Lita, que significa “que Dios esté contigo» … ¿De dónde viene?
«No lo sé, contesta sonriente. Lo recibí. Se tiene que confiar en los demás. Pero me hubiera gustado llamarme Bárbara o Sarah. Pero probablemente viene de Manuela o Manolita…»

«País increíble»
Aquí está, recientemente llegado de La Haya, su tierra de elección y de predilección, en su primera visita a Beirut. Falta de control. No delante de los monolitos de acero y cristal, no delante de la luz del Mediterráneo ni de los paisajes repletos de sol. Lo que hace vibrar Lita Cabellut es sobre todo el elemento humano. “Increíble país», dice la artista de sopetón. Este país debería ser un ejemplo para todo el mundo con su mosaico de comunidades. Difícil de vivir con los demás en la diferencia, pero nada mejor que construirse a través de la diversidad y de las contradicciones. Además, estoy tocada por la felicidad, la alegría de las gentes de aquí. Ella brilla en sus ojos…»
Carrera pictórica a la cúspide desde el rayo que la tocó con Las Tres Gracias de Rubens que encontró en El Prado. Pintar hasta el agotamiento y dominar su arte (“como la eterna repetición en el kung-fu para alcanzarla perfección del gesto”, dixit la artista) tal como suena su lema. En sus talleres y sus momentos agitados de inspiración han nacido más de dos mil lienzos, sin contar las que ella misma ha despiadadamente destruido.
Cuál es el tema que se reserva para la vibrante capital del país del Cedro, esta artista que ha hurgado, con toda audacia, lo más recóndito de Coco Chanel, Frieda Kahlo, Stravinsky, Kafka, Freud, Noureev, Trotski y Piaf. A pesar de dejar de parar su trabajo delante de la ‘môme’ (Piaf), tocada por la inaguantable fragilidad de la cantante con la infancia magullada…
« La poesía de las flores y de los cuentos. Entre sombra y luz, más allá del bien y del mal, la paridad de un decir complejo, siempre para descifrar, descodificar pero que revela lo que es eterno, lo que se renueva y vuelve a nacer. Par un espíritu de continuidad u de continuación. Siempre con la esperanza de una fragancia positiva, eso es lo que quiero ofrecer a Beirut…”, dice ella.

Y sobre los cimacios, ricos de este brillo vivo de los grandes chorros de fuegos artificiales, engalanan, en una ronda cargada de furia por vivir, imágenes de mujeres llevando ramos de flores. Entre las manos, en las faldas, en el corazón. Con caras que podrían contar historias de todas las épocas, de todos los horizontes. Como una subida de telón sobre pergamino, Cenicienta, Melusina, Morgana, Viviana, Alicia en el país de las maravillas… Morros pintados con bermellón, ofrecidos o amordazados, para miradas con iris que exploran la vida y sus curiosidades. Con peinados extravagantes como emplumados, con turbantes, con perlas donde el cabello (rojo, rubio veneciano, de color de nuez, de ala de corvallo o de regaliz) tiene ondulaciones sabias y sofisticadas.
La alegoría, drama debajo de la sede, el tafetán, la muselina, la gaza y el brocado, sin decoro preciso y en un espacio intemporal, devuelve a la realidad en sus meandros, sus laberintos, sus subterráneos, sus tinieblas, sus trampas, sus entregas, sus rayos de luz. Intensa, poética, con una energía decapante, la pintura, aquí, un imaginario desenfrenado lo más cerca de la realidad, es un arte soberano de combinar colores, materiales y movimientos. Y de radiar sensaciones, impresiones y ambientes.

¿La hazaña? Obras como surgidas del más rigoroso e imponente clasicismo, recubiertas de la más sorprendente contemporaneidad. Como si Rembrandt, Velásquez, Goya y Bacon hubieran quedado en la explanada de un pincel tocado por un polvo de la madre Celestina con su cierta eficacia.

*La exposición “Fairy Flowers” de Lita Cabellut se prolonga en la Opera Gallery (avenida Foch) en el centro de la ciudad hasta el 18 de junio

“¿Los colores? ¡Es la emoción!”

Lita Cabellut, à través del hilo de algunas preguntas.

¿Qué relación con los colores?
Yo los mezclo y malaxo sin ni una gota de acrílico. Óleo, tempera, pigmentos, huevos, una con-cocción cuyo secreto me guardo celosamente como una piel que uno mantiene con sumo cuidado… Para una belleza, una juventud, un brillo, sabiendo que la edad tiene su tiranía. Por cierto, estas falsas arrugas, estas falsas grietas, estas pequeñas olas sobre una superficie lisa, son un aviva ilustración para una pintura que se enfrenta al tiempo. Los colores, son la emoción y el vínculo de correspondencia con todas nuestras facultades.

¿Cuándo has estado lo más feliz?
Cuando me encontraba de paseo en los picos de los Pirineos! ¡Una euforia cósmica! Pero también soy feliz cuando trabajo. Quisiera morir trabajando. Y si me muero, sé que es para volver a nacer. Pintar me ha salvado la vida. Y mis hijos (tiene tres suyos y dos adoptados) me han salvado de la oscuridad…

¿Cuáles son las pintoras que admira?
Frieda Kahlo, Louise Bourgeois (por el conflicto entre la inteligencia y la sensación) et Leonor Fini…

¿Y qué hacer con todas estas flores?

¿Antes de abandonar esta preciosa galería de retratos de mujeres vestidas como para momentos de celebración, entre condesas, sultanas y hetairas, que hacer de todas estas flores que han tenido entre sus dedos, ni siquiera todavía todas marchitadas? Lita Caballut, que tiene más que muchos recursos, vuelve a repartir las cartas, las pone en escena, las fotografía, las manchas de pintura et vuelve a dibujar sus contornos y la composición, entre floreros de cerámica e hilos metálicos. El resultado es asombroso. No son los girasoles de Van Gogh ni los crisantemos de Cézanne o las anémonas de Matisse, y menos aún la canasta de Bruegel pero, con este fondo negro de anilina, es otra cosa. Una mezcla peculiar del arte floral del Renacimiento, del Ikebana y del detalle de los jardines de las delicias de Arcimboldo. Un efecto único (¡incluso si, a veces, hay demasiado color rosa!), absolutamente como un inverso de decoro, de lo que se muere y vive a la vez, de estas damas de hoy y de antes que tenía delicadamente hace unos minutos estas flores entre los dedos. Hasta el final, Lita Cabellut ha por ello, con una poderosa herencia de los conocimientos y bases clásicos, el don y el talento de inventar, de narrar, de sorprender, de revolucionar, espolvorear con poesía, de deslumbrar, de propulsar… ¡Ella es una agitadora, una buena hada, en el alma!